& Etimología
De la apotheka al mostrador
La palabra botica procede del griego apotheka, que significa literalmente almacén o tienda de víveres. Este dato, aparentemente técnico, es en realidad la llave que abre el concepto. La palabra misma contiene la doble naturaleza del oficio: un lugar donde se guardaban sustancias, pero no solamente medicinales. Víveres. Provisiones. Materias primas del comercio de ultramar.
La frontera entre alimento, remedio y objeto de lujo nunca fue, en los siglos XVI al XIX, una línea clara. Era una zona. Y en esa zona trabajaba el boticario: un artesano culto cuya función no se parecía a la del farmacéutico moderno ni a la del tendero, sino a algo intermedio —más cercano a un maestro destilador con licencia gremial, capaz de preparar remedios, dulces, perfumes, conservas y especias compuestas en el mismo obrador.
El término boticario desaparece en España a comienzos del siglo XIX, cuando se regulan los estudios formales de Farmacia. Zales & Rego 1888 se funda en el momento exacto en que la figura del boticario estaba extinguiéndose como categoría comercial, dejando un vacío cultural que nadie ocupó.